Estás cansada, quieres un cambio pero ¿qué hacer?

Quiero empezar diciéndote que te entiendo, y que hay caminos, salidas, soluciones, infinitas posibilidades. Quédate conmigo… vamos a encontrarlas.

Parte 1. El cansancio.

El cansancio aparece en sus diferentes formas (físico, emocional, mental) cuando es tiempo de reajustes para que recobremos el equilibrio.

El cansancio físico nos alerta sobre la necesidad de más descanso, más hidratación, mejor comida, mejor sueño, más esparcimiento y menos sobre-esfuerzo.

El cansancio emocional, tiene otros síntomas. No nos sentimos bien con nuestra propia piel/relación/casa/trabajo/familia/amigos/planeta. Y aquí es importante identificar si ese cansancio es con todo o por algo en particular, y luego saber porque está: ¿es tristeza, miedo, rabia?, ¿qué limites se han violado?, ¿qué dimos más allá de nuestros recursos? ,¿qué descuidamos?, ¿qué equilibrio se perdió?, ¿qué no estamos teniendo en cuenta?…

El cansancio mental por su parte, se caracteriza por pensamientos repetitivos, negativos, autocritica, juicio, anticipación, control, falta de concentración, creatividad escasa, etc… Nuestra mente, necesita recibir los estímulos adecuados (lecturas, redes, televisión, personas, ambientes) y periódicamente debe ser limpiada (sueño, meditación, terapia, conversación). 

Y no hay que olvidar que estas tres instancias permanentemente están inter-comunicadas, y lo que afecta a una puede desequilibrar otra, así que atenderlas constantemente nos asegura ese bienestar integral.

Hasta aquí: ¿qué acciones puedes tomar para atender tu cansancio?, y ¿cómo puedes asegurarte de mantener el cuidado en cada instancia (física, emocional y mental)?. Elige una acción puntual y posible para cada instancia, una vez se haga un habito, añade una nueva.

Parte 2. El cambio.

Y ahora viene la parte más importante, lo que resolverá ese cansancio. 

Como vemos el cambio. Si miramos el cambio con temor y desconfianza, lo evitaremos y esperaremos hasta que nos agobie el hastío o la vida nos lo imponga, y tengamos que reaccionar sin pensar, sin sentir, sin alcanzar a soñar. Así que mira el cambio con otros lentes. 

El cambio es la única constante en la vida: la tierra se regenera, la nubes mutan sus formas, el planeta y sistema solar se mueve, el universo se expande, y nada permanece en el mismo lugar. Nuestros sueños cambian con los años, nuestras relaciones están vivas, nuestro propio cuerpo no permanece intacto en un mismo día. Aceptar el cambio y mirarlo como parte de la vida, te abre el camino hacia él.

El cambio renueva y hace crecer, permite que lo caduco y obsoleto se reemplace, y quede espacio para algo mejor: lo nuevo que nos permite crecer, expandirnos y ser más libres y auténticos.

Haz del gozo la guía. Instálate en tus deseos, ¿cómo te quieres sentir?, ¿cómo quieres ser?, ¿dónde quieres estar?. Siente cómo es esa nueva realidad deseada y gózala. Que ese gozo sea tu guía, no tu cansancio ni tu miedo.

Decreta tu propósito. Una frase, «quiero sentirme libre y abundante»; o una palabra, «amada». Que sea tu oración, tu foco, tu meditación, tu búsqueda y tu hacer cotidiano. Sin esperas, empieza a vivir ese propósito hoy en cada espacio posible, en el mismo trabajo, en la misma relación, en el mismo país.

Es el momento. No esperes a sentirte lista, si hay cansancio y quieres cambios este es el momento. Empieza por lo que pequeño y da un paso a la vez.

Esta dispuesta, la vida te llevará por el mejor camino, confía y da el salto!